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viernes, 14 de junio de 2013

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El nuevo mapa bancario tras cinco años de crisis Ganadores y perdedores

La foto de la banca española ha cambiado tanto desde 2007 que casi es irreconocible. Entidades como CaixaBank o Sabadell han disparado su tamaño gracias a las compras. Otras, como las dos únicas cajas que quedan o Unicaja han aprovechado el crecimiento orgánico.

Ganadores y perdedores: el nuevo mapa bancario tras cinco años de crisis 
Hubo un tiempo en el que en España existían casi 60 grupos bancarios (entre bancos y cajas y sin incluir las cooperativas). En cada esquina había una sucursal y, a menudo, en la misma calle se contaban decenas de bancos distintos. Esta época ha pasado: tras cinco años de crisis, el número de entidades se ha reducido a menos de la mitad; se han cerrado casi 7.800 oficinas y las plantillas se han recortado en más de 30.000 personas. Y el proceso aún no ha acabado. 

Las fusiones han sido la tónica dominante de estos años. Se empezó con las fusiones frías de cajas (los conocidos como SIP –Sistema de Institucional Protección), que fracasaron míseramente en su intento de reestructurar el sistema. Y se pasó a las fusiones reales y a las absorciones de los bancos débiles por parte de los bancos fuertes. 

Obviamente, las entidades que más compras han hecho son las que más han aumentado su tamaño, como el caso de Sabadell. Sin embargo, no necesariamente el negocio global de todos los que participaron en la fusión ha crecido de la misma forma. La explicación es que se han aprovechado estos movimientos corporativos para reestructurar y adelgazar la capacidad instalada y el balance, con el resultado de que el balance final del banco a veces es sólo de poco superior a la suma de los activos que tenían las entidades originarias.

De hecho, comparando los activos de los grupos consolidados al cierre de 2007 con los del cierre de 2012 en los puestos de podio se sitúan dos entidades que no sólo no han participado en fusiones, sino que se han quedado ajenas a todo el tsunami que ha afectado la banca española: Caixa Ontinyent y Caixa Pollença. Se trata de las dos únicas cajas de ahorros que podrán mantener esta condición tras la entrada en vigor de la nueva ley, que obligará a todas las demás a transformarse en fundaciones para mantener su participación en sus bancos. 

Bajo este criterio, el ránking del crecimiento de activos en los últimos cinco años lo lidera Santander. El mayor grupo bancario español aún no ha comprado nada en España en la última ola de movimientos corporativos y no se descarta que aproveche la privatización de CatalunyaBanc y NCG Banco para dar el primer paso. Las compras que le han permitido disparar su balance un 39% desde finales de 2007 se han producido en el extranjero y se han concentrado especialmente en los primeros años de la crisis. En el último periodo, de hecho, el banco que preside Emilio Botín ha sido protagonista de varias desinversiones, con el objetivo de reforzar el capital y obtener plusvalías para hacer frente a los saneamientos del ladrillo español. 

Otro ejemplo de crecimiento casi exclusivamente orgánico es Unicaja. La entidad malagueña absorbió la pequeña Caja Jaén a principios de la crisis. Después, hubo intentos fallidos para que se hiciera antes con CCM, después con CajaSur. Finalmente, tras dos años de tira y afloja, el banco que preside Braulio Medel se fusionará con Banco Ceiss, a su vez resultado de la fusión entre Caja España y Caja Duero. Sin contar esta incorporación, que aún no estaba cerrada al cierre del pasado ejercicio, Unicaja consiguió incrementar sus activos un 21% en el periodo examinado. 

El segundo gran banco español, BBVA, aprovechó la subasta de la intervenida Unnim (resultado de la fusión de las catalanas Caixa Sabadell, Terrassa y Manlleu) para crecer en España. En total, el balance del banco que preside Francisco González ha crecido el 20% desde 2007: Unnim aportó poco más de 27.000 millones. 

Popular destaca por ser de los pocos que se han atrevido a comprar sin pedir ayudas públicas. Absorbió Banco Pastor, cuyo balance suponía cerca de la cuarta parte de la de Popular. El crecimiento de sus activos ha sido del 19%, lo mismo que ha obtenido Banca March, la entidad más solvente de Europa, sin ninguna compra. También destaca el crecimiento de Bankinter, otra de las entidades que no se han metido en ninguna operación corporativa.

Los reyes de las adquisiciones

CaixaBank, en cambio, estuvo entre las más activas. La entidad empezó con adquisiciones pequeñas (Caixa Girona o Bankpyme), pero después vinieron los bocados gordos. Absorbió, sin ayudas, Banca Cívica, el primer SIP que se creó en España entre Caja Navarra, Caja Burgos y Caja Canarias, con la inclusión posterior de CajaSol. Además, a finales del pasado año, la entidad que preside Isidro Fainé se ha adjudicado Banco de Valencia, que incorporará a sus cuentas este ejercicio. La fuerte reestructuración acometida en Banca Cívica, hace que la suma del balance de todas las entidades que han confluido en CaixaBank haya crecido “sólo” un 11% desde 2007. 

Entre los protagonistas de las operaciones corporativas en la crisis también destaca Sabadell. La gran compra fue CAM, que se adjudicó en subasta por un euro, que llegó después de Banco Guipuzcoano y este año se concretará la integración de Caixa Penedés (que se había integrado en BMN) y de Banco Gallego. El bocado de la caja alicantina fue muy gordo para el banco que preside Josep Oliú, ya que compró una entidad que casi tenía su mismo tamaño de balance. 

Pero también fue gorda la reestructuración: a pesar de que Sabadell ha más que duplicado su tamaño desde principios de la crisis, la evolución de los activos de todas las entidades que han confluido en el banco catalán apenas sube el 1%. 

Las nacionalizadas 

El mayor de los bancos nacionalizados, Banco Financiero y de Ahorros (matriz de Bankia), tenía al cierre del año pasado un balance de 309.187 millones de euros, un 6% más del que tenían en 2007 las siete cajas que dieron origen a la entidad. Sin embargo, la entidad, que ha recibido unos 24.000 millones de euros de ayudas públicas, ha empezado un drástico programa de reestructuración, siguiendo las directrices impuestas por Bruselas a cambio del rescate financiero. 

Bankia, como las otras nacionalizadas, traspasó al cierre del año pasado sus activos tóxicos relacionados con el ladrillo a la Sareb. Ahora ha empezado con las ventas de activos que no se consideran estratégicos para el tipo de negocio que tiene que desarrollar: banca minorista, centrada en sus territorios nacionales. La última venta ha sido la del City National Bank of Florida, y ahora la pelota está en el campo de las desinversiones de su cartera empresarial.

Por su parte, CatalunyaBanc ya ha reducido su tamaño el 11% frente al que tenían en 2007 las tres cajas que la conformaron (Caixa Catalunya; Caixa Tarragona y Caixa Manresa). Aún mayor ha sido la reestructuración de NCG Banco: su balance era al cierre de 2012 el 20% más pequeño que el que tenían hace cinco años Caixa Galicia y Caixanova. Tanto la entidad gallega como la catalana tienen que ser privatizadas cuanto antes por el FROB, según han reiterado en varias ocasiones tanto el Gobierno como el Banco de España. No obstante, la subasta de CatalunyaBanc tuvo que ser suspendida el pasado marzo por falta de ofertas competitivas. 

También otras entidades que han recibido ayudas, como BMN, son más pequeñas de lo que eran las cajas que le dieron nacimiento. Su balance ha encogido el 8% y, además, este año dejará de formar parte del grupo la red de Caixa Penedés, que ha sido comprada por Sabadell. 

A su vez, el Grupo Caja 3, que formaron en su momento CAI, Caja Círculo y Caja Badajoz, ha crecido el 3% en estos cinco años. La entidad se incorporará a Ibercaja, una de las pocas cajas que no necesitó ayudas y que, hasta ahora, no había protagonizado ninguna compra, aumentando su balance el 4% de forma orgánica. 

La reducción del tamaño de Liberbank, que acaba de salir a bolsa para completar el plan de reestructuración pactado con Bruselas, ha sido del 17%, lo que se explica sobre todo por las ventas de los activos de CCM, la primera caja que tuvo que ser intervenida en España y que fue adquirida en subasta por Cajastur. Inicialmente, en Liberbank también habría tenido que estar CAM, pero las otras entidades del grupo se negaron a la fusión, ya pactada, tras descubrir nuevos agujeros en el balance de la entidad alicantina. 

Distinto ha sido la trayectoria de las tres cajas vascas, que han dado origen a Kutxabank, con la suma de CajaSur que fue adquirida por BBK tras su intervención. El banco vasco, que también se sitúa entre los más solventes de España y no ha recibido ningún tipo de ayuda, es un 13% más pequeño que la suma de sus integrantes en 2007. 

Repliegue de los extranjeros 

La nueva foto de la banca comparada con la de hace cinco años también muestra otra tendencia: los pocos bancos extranjeros que se atrevieron a competir en banca minorista en España han reducido su exposición al país. La crisis económica aconseja prudencia y desde las sedes de mando de estos bancos se ha decidido replegar. Esto es el caso de Barclays, que es ahora un 20% más pequeño que hace cinco años. O de Citibank, cuyo balance ha menguado el 10%. 

La excepción la marca ING Direct. El banco, que opera en España como sucursal de una entidad comunitaria, ha casi cuadruplicado su balance en el periodo de la crisis, modificando paulatinamente su estrategia para ofrecer cada vez un abanico más completo de servicios, para pasar de ser el otro banco a la entidad principal del cliente. 

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domingo, 2 de diciembre de 2012

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Comienza la dura reconversión bancaria de España

 

Treinta años después de la última gran reestructuración del sistema bancario español, la nación ibérica se ve abocada nuevamente a una reconversión del sector, esta vez apoyada y supervisada por sus socios de la Eurozona.
A finales de la década del 70, 51 entidades financieras españolas sufrieron una crisis de solvencia que llevaron a un aumento de la morosidad y de las tasas de interés que afectaron a todos los bancos y, en menor medida, a las cajas de ahorro.
Esa crisis, que tuvo su origen en una liberalización generalizada del sector y de una falta de control y regulación de las entidades, supuso un rediseño completo del mapa bancario español y condujo más o menos rápidamente a una concentración y centralización del capital financiero.
A diferencia de entonces, la crisis actual derivó de una política de créditos ultra laxa, dictada no por el Banco (Central) de España sino por el Banco Central Europeo (BCE), que tuvo como resultado la creación de una burbuja hipotecaria y de consumo cuyo estallido hundió a toda la economía ibérica.
Ahora y después de cuatro años de negar, primero, y de minimizar, después, la profundidad del desbarajuste financiero del país, el Estado español se vio obligado en junio pasado a solicitar el auxilio de la Union Europea (UE) para intentar rescatar a un sistema técnicamente quebrado.
En 1980-81, años en los que se procesó la reestructuración bancaria anterior, las entidades afectadas manejaban fondos equivalentes a 10.000 millones de euros actuales, empleaban a 36.000 personas y su red de oficinas era de 2.600.
A finales de 2011, las entidades financieras españolas empleaban 223.492 personas, divididas a partes casi iguale entre bancos y cajas de ahorros, distribuidos en 38.000 sucursales , lo que hace saltar a la vista los cambios enormes habidos 30 años después de la anterior quiebra financiera.
Sólo en los últimos dos años, bancos y cajas han cerrado casi 3.000 oficinas y han despedido a 27.000 empleados, más del 10% de sus planteles, mientras se aprestan a entrar en la fase "verdadera" de la reconversión.
El pasado miércoles, la UE dio a conocer los términos en que otorgará la primera fase de la ayuda de hasta 100.000 millones de euros acordada a España el pasado 9 de junio, anuncio que ha impactado fuertemente en Madrid.
La Comisión Europea aprobó inyectar 37.000 millones de euros de fondos europeos de rescate en cuatro entidades que fueron, previamente, intervenidas por el Estado español: Bankia, Nova Caixa Galicia, Catalunya Banc y Banco de Valencia.
La distribución del dinero se hará de la siguiente manera: 18.000 millones serán para Bankia, 5.400 millones para Nova Caixa Galicia, 9.100 millones para Catalunya Banc y 4.500 millones para Banco de Valencia, éste último recién vendido a Caixa Bank (ex La Caixa) por el precio simbólico de un euro.
Que Bankia se lleve casi la mitad de los fondos de rescate aportados en esta oportunidad, se explica porque se trataba de una de las cuatro primeras entidades del país junto con Caixa Bank, Santander y BBVA.
Bankia fue el resultado del primer intento fallido de rescatar a cinco cajas de ahorro menores fusionándolas con la gigantesca Caja Madrid, la cual ya atravesaba también un proceso de quiebra inminente.
En el caso de Bankia, el Estado español ya aportó 4.500 millones de euros en septiembre pasado, a lo cual se suman ahora estos 18.000 millones adicionales de los fondos europeos, elevando a 22.500 millones el costo total del rescate que pagará el fisco español, es decir, los contribuyentes.
A cambio de este primer tramo de créditos, la UE exige a España que cierre miles de oficinas bancarias de estas cuatro entidades (el 40% del total de las existentes); reduzca en un 60% sus negocios y despida 10.000 trabajadores.
Para llevar a cabo estos objetivos, el Gobierno habrá de chocar con los sindicatos que se o ponen a los despidos en masa y también a los pequeños accionistas de esos bancos, quienes adquirieron deuda subordinada y acciones con la promesa de que estaban garantizadas como un depósito a la vista.
Decenas de miles de pequeños inversores, la mayoría de ellos clientes de los bancos y trabajadores o pequeños comerciantes, tendrán que hacerse cargo junto con los contribuyentes de la cargada factura derivada de los ruinosos préstamos realizados por estas entidades a los constructores inmobiliarios.
Se trata, a juicio de todos los analistas locales y extranjeros, de apenas la primera gota de la amarga bebida del ajuste y la reconversión en un sector que acumula deuda y carteras tóxicas de dimensiones no reveladas aún por las autoridades bancarias.
Junto con este primer paso, se establecerá un "banco malo", esto es, una entidad ad hoc que recibirá las deudas dudosas o directamente incobrables de los bancos que serán reestructurados, teóricamente todos los que presenten problemas.
Bruselas ha estimado que unos 45.000 millones de euros serán transferidos como "deudas malas" a esta nueva entidad de la que se hará cargo el Estado.
Un Estado que ha visto crecer su deuda pública desde el 60% hasta más del 90% en los últimos cuatro años, después de haber tenido que acudir al rescate de la banca en quiebra como producto del estallido de la burbuja especulativa-inmobiliaria.
Con el aporte de estos 37.000 millones de euros a mediados de diciembre, El Estado español sumará 4 puntos porcentuales más a la deuda pública del país.
Y todo indica que se trata apenas del aperitivo de una comida que podría ser indigesta a medida que se vaya revelando el real contenido del menú elaborado durante los últimos 15 años por los popes de la banca y la política española.